Sillas a 400 euros en el Consell

abril 13th, 2018

En un momento de apuro pueden hallarse soluciones provisionales, incluso algún chollo, en las páginas de segunda mano que abundan en las redes sociales donde no hace mucho el que suscribe se desprendió de un sofá chaislonge, en muy buen estado, por 350 euros, y adquirió un silloncito balancín mejor conservado aún por 40.

Cincuenta euros más -400- se gastó hace unos meses el Consell Insular en cada una de las 15 sillas adquiridas para equipar una nueva aula de formación, lo que ha supuesto un gasto de 6.043 euros.

El dispendio no solo resulta ignominioso para tantos trabajadores que pasan horas frente al ordenador en asientos que apenas cumplen las condiciones básicas de ergonomía y comodidad sino que supone una bofetada inmoral para el principio de austeridad o, cuanto menos, moderación, que debería marcar la gestión de esta clase de gastos. Son, además, asientos para una aula de formación, por tanto no tendrán una ocupación diaria permanente.

Que las sillas sean de una mayor calidad, transpirables, cómodas, ligeras y funcionales, incluso que prolonguen su uso en el tiempo (solo faltaría que encima se rompieran a las primeras de cambio) no parecen razones suficientes que justifiquen su adquisición a ese precio de ricos. Tampoco lo es argumentar que las primeras que se compraron tras la construcción de la nueva sede del Consell fueran de un coste similar. Que entonces se tirara la casa por la ventana invitaría precisamente a lo contrario para ajustar las sucesivas compras a gastos más racionales y que provocan menos sorpresa y comentarios negativos entre los ciudadanos de la Isla.

No se trata de acudir al mercadillo de segunda mano, como hizo el que suscribe, ni de recurrir a sillas sin reposabrazos, pero entre ambos extremos hay -debe haber- muchas más soluciones que no incidan en el rechazo generalizada de tan discutible operación.

 

Más gasto turístico, más reparto

abril 6th, 2018

El Instituto Balear de Estadística ha revelado que los turistas dejaron en Menorca 1.329 millones de euros el año pasado, lo que supone un incremento sustancial de 181 millones respecto al curso anterior.

Cada visitante de cuantos llegaron a la isla en 2017 gastó una media de 909 euros durante su estancia con lo que el aumento general de un año a otro alcanzó el 15,8 por ciento.

Las cifras no dejan de guardar una relación directa con la llegada superior de turistas entre los meses de mayo a septiembre, en los que se concentró la mayor parte del gasto en Menorca de esos 1.329 millones de euros.

Sin embargo esos mismos resultados discrepan de las opiniones que vierten normalmente hoteleros y restauradores, siempre habituados a minimizar las ganancias cuando éstas se han producido y a lamentar las pérdidas en la época de crisis. La presencia de más turistas, han señalado con reiteración, no tiene por qué traducirse en que se mejoren las cuentas de resultados porque no gastan o gastan poco.

Atendiendo a esa estadística juega un papel fundamental el turista ‘no controlado’, es decir aquel que ha llegado a Menorca para alojarse en los alquileres turísticos no regulados, en casas particulares exclusivas o compartidas en núcleos urbanos o turísticos como ya no podrán hacer, en principio, con las nuevas disposiciones.

Quiérase o no, tengan mayor o menor poder adquisitivo, esos visitantes han realizado un dispendio obligado los días que han pasado en Menorca porque han tenido que comprar, alimentarse y desplazarse durante su estancia. Solo así se explica ese notable incremento en el gasto global que, además, ha derivado en un beneficio más repartido por los mismos alquileres de particulares y resto de negocios. Digan lo que digan, todos han ganado más. Falta que lo hagan también los trabajadores del sector.

 

Carnaval etílico

abril 6th, 2018

Llegará un día en que este diario abrirá su portada con un suceso trágico que tendrá como protagonista a un joven o una adolescente como consecuencia del consumo desmedido de alcohol.

Llegará un día en que una o varias familias llorarán la desgracia por el fallecimiento o la condena en vida de uno de los suyos como consecuencia del consumo desmedido de alcohol. Los padres, fundamentalmente, lamentarán no haber esmerado el control de sus hijos y dudarán de la educación que les brindaron no advitiéndoles lo suficiente del riesgo de esta mala costumbre que los menores no ven.

Llegará un día en el que políticos que han tenido y tienen cargo público deberán agachar la cabeza y asumir la cuota de responsabilidad que les corresponda por no haber aplicado medidas preventivas de una vez para combatir, frenar y neutralizar el consumo desmedido de alcohol entre preadolescentes, adolescentes y jóvenes.

Si las fiestas populares de Menorca han derivado en un macrobotellón consentido, que ya parece tristemente asumido por todos, hay que añadir las cenas trimestrales de los institutos y cualquier otra celebración callejera como la más reciente del carnaval, por ejemplo.

Hasta cinco comas etílicos, tres de ellos correspondientes a menores de edad, se registraron en Ferreries el pasado sábado. Hubo peleas en Alaior y Maó influenciadas, sin duda, por el alcohol y las drogas, y gamberradas en coches y mobiliario urbano en varias poblaciones de la Isla.

Proyecto Hombre advertía en noviembre sobre el incremento de la adicción al alcohol en Menorca a partir de las personas que se han dirigido a sus programas en busca de ayuda. Cinco nuevas peticiones de socorro que suponen muchas más ocultas de otros que aún no toman conciencia de su adicción.

Es el momento ya de enfrentar esta lacra y buscar soluciones antes de que lleguen los lamentos.

 

Todo lo que empieza mal acaba peor

abril 6th, 2018

Aquello que puede ir mal irá mal, o todo lo que empieza mal acaba peor, son algunas de las leyes pesimistas del nombrado Edward A. Murphy, ingeniero espacial estadounidense del pasado siglo, perfectamente aplicables al extraordinario caso de las obras de la carretera general entre Maó y Alaior. Pasan los años y el estado de la vía con edificaciones iniciadas y olvidadas en la cuneta queda como prueba tangible de un desacuerdo político absolutamente vergonzante hasta el día de hoy.

Al rechazo del GOB y las formaciones de izquierda al proyecto aprobado por el anterior gobierno del PP en el Consell Insular le siguió la paralización de los trabajos cuando estos ya se habían iniciado tras el cambio de color en la plaza de la Biosfera. Antes la UTE adjudicataria ya las había detenido de facto al reclamar más de tres millones de sobrecoste. En medio, la demanda del GOB para pedir la suspensión de la obra, que perdió, aunque el grupo ecologista fue condenado a pagar unas costas muy inferiores a las que reclamaba el gobierno de los populares.

Informes contradictorios según el color del cristal con que se miren sobre la idoneidad de las obras en algunos puntos de la carretera, inundables o aptos, yacimientos arqueológicos próximos a ella que se deben preservar… en fin, que no será antes de 2019 cuando los trabajos se reanuden sin que todavía se conozca con certeza cómo se ejecutarán.

Por si esta sucesión de contratiempos que mantienen bloqueadas las reformas no fueran suficientes, ahora el GOB aporta dudas sobre una posible malversación de los fondos públicos a cargo del Partido Popular cuando inició el proceso y defendió su proyecto.

Era la guinda que faltaba para coronar este desaguisado absoluto que ha derivado en una auténtica pesadilla para todos los menorquines y visitantes que, al fin y al cabo, son quienes sufren las incomodidades de la carretera y, lo que es más importante, su falta de seguridad. Empezó mal y parece que acabará peor.

 

Inversión bajo mínimos para Menorca

abril 6th, 2018

Sin tomar como referencia las valoraciones interesadas de las formaciones políticas, según estén en el gobierno o en la oposición -al que suscribe le ofrecen la misma credibilidad que el máster de Cristina Cifuentes-, las consideraciones a los presupuestos generales del estado respecto a Balears son bastante obvias con los números en la mano.

Balears se mantiene en el furgón de cola de las inversiones, como suele ser habitual sea quien sea el morador de la Moncloa. La media nacional por habitante es de 214 euros mientras que en el Archipiélago se sitúa en 153, una diferencia extraordinaria si la cotejamos, por ejemplo, con los cántabros que llegan a los 466.

En Menorca la caída resulta todavía más pronunciada. La inversión estatal no alcanza ni los 5 millones de euros. Argumenta Montoro que no hay disponibilidad para el incremento del descuento con la península del 75 por ciento, y menos para la tarifa plana. Por más que el aumento del gasto se sitúe en un 15 por ciento, lo que invita a pensar que a medida que se acerquen las elecciones ese descuento puede llegar a plasmarse, continuamos dependiendo de ellas o, mejor dicho, de la habilidad negociadora del diputado canario, Pedro Quevedo. El político de Nueva Canarias ya ha dejado claro que no apoyará estos presupuestos embargados -Rajoy sigue sin conseguir el respaldo necesario para aprobarlos- si los descuentos para salir de sus islas hacia la península no se sitúan en el 75 por ciento. Y ahí, Balears como sucedió con los vuelos interislas, volvería a verse beneficiada de rebote una vez más.

La realidad, con las cifras en la mano, es que la inversión para Menorca se sitúa en los mínimos históricos en 2018, un descenso del 20 por ciento respecto a los del ejercicio anterior, pese a que la inversión estatal en infraestructuras crece un 12 por ciento. Al menos se contempla la relativa a los urgentes nuevos juzgados de Ciutadella, aunque el gobierno del PP no se muestra sensible con la Isla. Números cantan.

 

Obras acabadas sin utilidad completa

abril 3rd, 2018

Cuesta horrores entender que una obra pública de nuevo cuño inicie su uso general sin disponer de la homologación pertinente para alguna de las funciones prioritarias que motivaron su construcción.

Sucede a menudo con instalaciones deportivas que, una vez inauguradas, carecen de la homologación federativa necesaria para poder validar marcas o albergar competiciones nacionales e internacionales. Los ejemplos están próximos. La pista de atletismo de Maó estrenada en 1986 tardó 13 años -13- en ser homologada por primera vez por la Federación Española, aunque posteriores reformas precisaron una segunda homologación en 2010 y, por tanto, otro intervalo sin estar acreditada. O sea, que no servía para validar registros de las competiciones atléticas que allí se celebraban limitando su utilización a pruebas domésticas y entrenamientos, en cualquier caso, un adelanto excepcional para los atletas de distintas generaciones que han podido disfrutarla.

Otro tanto, aunque con menor tiempo transcurrido, ocurrió con el velódromo Palma Arena, levantado en 2007, en la época de Jaume Matas que tantos dividendos proporcionó a políticos corruptos del PP y gestores de entonces doblando el coste del presupuesto inicial. Aunque el recinto deportivo obtuvo permisos puntuales para algunas competiciones, la UCI no lo homologó hasta el 2011.

Fuera del ámbito deportivo ha salido hace unos días a colación, gracias a la proposición no de ley presentada por la formación Mes per Menorca, el helipuerto del Hospital Mateu Orfila. Con casi once años de vida, resulta que solo puede ser empleado para casos de extrema urgencia puesto que no está legalizado al no reunir las medidas de seguridad exigidas. ¿Para qué se hizo un helipuerto en el Hospital si tiene un uso tan limitado y los traslados deben hacerse obligatoriamente a través del aeropuerto?. El mismo trabajo se duplica y el coste crece. Cuesta horrores entenderlo.

 

Observen el suicidio

marzo 28th, 2018

Que si la insularidad, que si el influjo de la tramontana, que si la crudeza invernal de este territorio… son explicaciones sin base científica alguna a las que se recurre cuando aparece en la conversación el suicidio en Menorca.

Se trata de una de las principales causas de fallecimiento no natural que se registran año tras año en la Isla. Es, por tanto, decisiva en la elevada tasa que define a Balears como una de las comunidades españolas en la que más gente se quita la vida por desesperación ante la realidad a la que ya desisten enfrentarse. Son 8,8 personas por cada 100.000 habitantes las que se suicidan anualmente lo que supone dos suicidios a la semana en el Archipiélago y entre 15 y 20 tentativas, según datos de la Conselleria balear de Salud.

En Menorca se contabilizaron nueve suicidios el pasado año, aunque el número pudo ser mayor porque no se computan aquellas muertes de las que se tienen claros indicios de autolisis pero no las pruebas irrefutables para que así sean consideradas.

Este tipo de muerte violenta continúa como una cuestión tabú de la que no se habla y no se enfrenta por el dolor añadido que invade a la familia de quien ha optado por este trágico desenlace. Es por ello también que los medios de comunicación, como este, no publican aquellos casos que no admiten dudas.

Decidida a encarar el evidente problema, la Conselleria balear de Salud ha puesto en marcha este año el denominado Observatorio del Suicidio en Balears, una acertada iniciativa que pretende recoger en hospitales públicos y privados y centros de salud la información de las personas que se han quitado la vida o de las que se sabe con certeza que han intentado hacerlo.

Durante un año obtendrá datos estructurales para ayudar a identificar a los pacientes en riesgo suicida y, a partir de aquí, aplicar tratamientos preventivos que permitan reducir el número de víctimas. El Observatorio del Suicidio aparece como la herramienta fundamental para conseguirlo.

 

El efecto contrario al catalanismo

marzo 28th, 2018

La deriva catalanista es una tendencia indisimulada de los partidos radicales de izquierda que comparten el ejecutivo en el Govern balear y el Consell Insular de Menorca en la presente legislatura. Los ejemplos son constantes, tanto como su admiracion y apoyo explícito, incluso físico, al controvertido proceso que ha llevado a Catalunya a una situación impregnada de surrealismo sin obviar que una parte importante de los catalanes han sido seducidos por una clase política incapaz de calibrar las consecuencias de sus actos. Incluso los gobernantes del Archipiélago ya han insinuado que Balears, a la larga, debería seguir una trayectoria similar.

Ese giro nada novedoso hacia el catalanismo -porque siempre formó parte de su ideario- acusado por los partidos nacionalistas de Balears, sin embargo está obrando un efecto muy distinto a sus intereses generales. Hasta ahora el carácter de las gentes de aquí, poco dado a pronunciarse públicamente, hacía que solo los responsables de las formaciones políticas de planteamientos opuestos y algunas asociaciones que defienden ‘lo balear’ por encima de todo o las peculiaridades de cada Isla, pusieran el grito en el cielo cada vez que otra muesca catalanista ganaba terreno en las islas.

Pero esa deriva ha comenzado a superar la moderación general de este territorio. Las redes sociales vienen llenas del rechazo a la extensión de la lengua y la cultura catalanas como identidades adoptadas que no propias de esta comunidad. La imposición del catalán en la sanidad pública es uno de los más claros ejemplos que está sacando a la gente a la calle para frenar esta iniciativa.

Esa movilización popular, que guarda cierta similitud con la mayoría silenciosa de Catalunya, presente y visible desde el avance del proceso como nunca desde la llegada de la democracia lo había hecho, supone un freno a los propósitos de las formaciones nacionalistas de las islas, que pueden verlo reflejado en las próximas elecciones. Es el efecto contrario al catalanismo.

 

Marihuana de dos o más grillados en Sa Naveta

marzo 23rd, 2018

«Venga, va, hoy nos toca Sa Naveta, ¿a qué no te atreves?». Esa pudo ser la conversación absurda que mantuvieron los dos adultos de Ciutadella -quizás fueron más- retándose el uno al otro, para atentar contra la construcción talayótica más célebre de la Isla y, probablemente, la más antigua de Europa. Con anterioridad ya lo habían hecho en Sa Bassa Verda y la batería de Punta Nati, aunque la trascendencia de su acción en Sa Naveta des Tudons va mucho más allá de la gamberrada inexplicable a cargo de estos individuos grillados.

Puestos a elucubrar, no sería nada extraño que hubiesen perpetrado el delito tras haber consumido unas buenas dosis de marihuana, lo que en ningún caso debería atenuar su delito continuado. Así lo dan a entender algunas de las palabras que escribieron en las rocas con esa caligrafía peculiar: «smoke weed» (fuma hierba) y «kush» (una de las variedades de la marihuana más demandadas en todo el mundo).

¿Qué puede motivar a una persona a dañar una construcción levantada más de 1.000 años antes de Cristo?. ¿Afán de protagonismo, quizás, ganar un supuesto prestigio entre los de su misma cuerda, quienes por lo visto, no han querido colaborar hasta ahora en la investigación policial?.

Si el Cuerpo Nacional de Policía, con el soporte de la Policía Local, consigue atraparlos, sería conveniente someterles de inmediato a un estudio psicológico profundo que permita dar con lo más parecido a una explicación, un argumento para justificar tamaño desaguisado. Quizás a partir de ahí podría establecerse algún protocolo de prevención ante comportamientos irracionales, disparatados.

La limpieza de las rocas puede llegar a costar 40.000 euros. Por tanto la condena debería incluir que los responsables se hicieran cargo de la elevadísima suma, además del castigo que dicte el juez por mucho que llegaran a mostrar arrepentimiento.

 

Rajoy y el mérito de la crisis

marzo 21st, 2018

Cada vez que se evoca la reforma laboral impulsada y ejecutada por el Partido Popular a principios de 2012 sale a colación por parte del grupo de Mariano Rajoy el acierto de una batería de medidas que contribuyeron a la creación de empleo. Fue en cierto modo, el fármaco que inició la cura de la crisis a partir de liberar al empresario para que actuara sobre sus trabajadores como creyera más oportuno si con ello salvaba la empresa.

El despido se abarató impunemente y los salarios se vieron recortados hasta límites insospechados, quedando estancados desde entonces.

Fue el trabajador el que sacó a España de la crisis aunque la continúe padeciendo.

Los datos sitúan la recuperación de empleo como el hecho notorio que marca el avance del país con 611.146 nuevos afiliados a la Seguridad Social al término de 2017 en el que se han firmado hasta 21,5 millones de contratos, de los que más de 19,5 millones son temporales, lo que da una idea del grado de inestabilidad laboral. En todo caso, aún no se alcanzan las cifras anteriores a la crisis y todavía hay tres millones y medio de españoles sin trabajo.

Esos números, aparentemente sobresalientes, enmascaran otra realidad distinta pero irrefutable. En Balears, por ejemplo, podría interpretarse que la recesión pasó a mejor vida por la creación de empleo que potencia el crecimiento del turismo.

Pero se trata de un empleo precario, con contratos temporales que permiten rebajar el paro y, en muchos casos, a cambio de retribuciones menores que no alcanzan el salario mínimo interprofesional, como denuncian los sindicatos.

Por lo general las familias se han empobrecido debido a la inflación, al tiempo que se ha incrementado la precariedad y el permanente temor a perder el puesto de trabajo. Rajoy presume de haber sacado a España de la crisis, pero el precio lo han pagado otros. Lo pagamos todos.