Carnaval etílico

Llegará un día en que este diario abrirá su portada con un suceso trágico que tendrá como protagonista a un joven o una adolescente como consecuencia del consumo desmedido de alcohol.

Llegará un día en que una o varias familias llorarán la desgracia por el fallecimiento o la condena en vida de uno de los suyos como consecuencia del consumo desmedido de alcohol. Los padres, fundamentalmente, lamentarán no haber esmerado el control de sus hijos y dudarán de la educación que les brindaron no advitiéndoles lo suficiente del riesgo de esta mala costumbre que los menores no ven.

Llegará un día en el que políticos que han tenido y tienen cargo público deberán agachar la cabeza y asumir la cuota de responsabilidad que les corresponda por no haber aplicado medidas preventivas de una vez para combatir, frenar y neutralizar el consumo desmedido de alcohol entre preadolescentes, adolescentes y jóvenes.

Si las fiestas populares de Menorca han derivado en un macrobotellón consentido, que ya parece tristemente asumido por todos, hay que añadir las cenas trimestrales de los institutos y cualquier otra celebración callejera como la más reciente del carnaval, por ejemplo.

Hasta cinco comas etílicos, tres de ellos correspondientes a menores de edad, se registraron en Ferreries el pasado sábado. Hubo peleas en Alaior y Maó influenciadas, sin duda, por el alcohol y las drogas, y gamberradas en coches y mobiliario urbano en varias poblaciones de la Isla.

Proyecto Hombre advertía en noviembre sobre el incremento de la adicción al alcohol en Menorca a partir de las personas que se han dirigido a sus programas en busca de ayuda. Cinco nuevas peticiones de socorro que suponen muchas más ocultas de otros que aún no toman conciencia de su adicción.

Es el momento ya de enfrentar esta lacra y buscar soluciones antes de que lleguen los lamentos.

 

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