El chico pillo pero simpático

Defensa central de época, afamado futbolista de palmarés excepcional, y aún más célebre si cabe por haberse unido a la estrella colombiana del pop con movimiento de cadera tan sugerente como inverosímil, Gerard Piqué continúa mirándose al ombligo con dudosos resultados.

Es el coloso zaguero del Barça un tipo listo. Asocia a su talento en el campo una visión empresarial que quizás algún día le acerque a la presidencia del club, como parece su objetivo.

Sin embargo esa astucia natural junto al porte autosuficiente del chico pillo pero simpático de la clase no le bastan para convertir la viveza en inteligencia. Si además de listo fuera inteligente Piqué no caería en la tentación que le lleva a ser vilipendiado cada vez que su entorno parece más apaciguado. Aunque a él le afecte poco o nada sí puede interferir en el equipo en el que juega y, especialmente, en la Selección Nacional de la que oposita para acabar saliendo a gorrazos cualquier día.

En sus comparecencias ante los micrófonos Gerard combina lágrimas con la misma espontaneidad con la que habla de libertades, represión y democracia.

El miércoles, tras haber encendido el domingo un nuevo fuego por su posición respecto al proceso catalán, quiso demostrar que está por encima del bien y del mal respondiendo a la prensa durante más de media hora. Loable ejercicio de transparencia, por tanto, al que sin embargo le faltó la respuesta fundamental. Se negó a decir si quería o no la independencia pero aseguró que un separatista puede jugar perfectamente con España. Y ahí perdió todo argumento para justificar su posición.

Si Piqué es independentista se trata de su elección, tan respetable como la del que no lo es. Pero en ese caso, su continuidad en la Selección Española que representa al país del que pretende salir carece de todo sentido por más que sea uno de los mejores centrales del mundo.

 

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