Caballos y peleas

Andan los animalistas alentando el debate en la calle por su decidido rechazo a la participación de los caballos en las fiestas patronales de Menorca.

Se trata de una posición radicalizada en defensa de los equinos que, en todo caso, ha avivado las posturas enfrentadas al respecto donde juega un papel fundamental la sensibilidad, especialmente acentuada, en una cuestión tan fundamental para los menorquines.

Los caballos no disfrutan, resulta obvio por múltiples razones, pero de ahí a sugerir un sufrimiento extremo como para prohibirlos hay demasiada diferencia. Es un tema que se presta al diálogo aunque será harto complicado alcanzar un consenso.

Otras cuestiones que afectan a la fiesta y son más humanas merecerían, de igual forma, un debate profundo que conduzca a una solución necesaria. Está bien preocuparse por el estado del caballo durante la colcada, en la plaza o por la exigencia de quien lo monta. Pero más atención merecería reflexionar en torno al comportamiento de las personas durante las mismas celebraciones.

Este verano han trascendido dos peleas con arma blanca que podrían haber tenido consecuencias trágicas. En Es Castell la reyerta incluyó, aseguró uno de los contendientes, un hacha con la que fue golpeado en la cabeza por el otro. En Sant Lluís, la semana pasada, uno de los participantes en otra trifulca recibió una paliza grupal después de utilizar una botella de cristal rota con la que realizó varios cortes a otros dos jóvenes. Y en las fiestas de Alaior una joven denunció una agresión sexual en un bar, por la que su responsable ya ha sido condenado.

Estos comportamientos, fruto en la mayoría de casos del consumo excesivo de alcohol y otras sustancias deberían generar mucho más debate que la participación de los caballos en la fiesta antes de que haya que lamentar una desgracia mayor.

 

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