Cómic ordinario o crítica talentosa

Una de las acepciones del término «arte» es la referida a la pintura o escultura destinada al embellecimiento de objetos o edificios. Posiblemente ese era uno de los propósitos del gobierno municipal de Alaior cuando ideó las ‘Balconades d’Art», una iniciativa en la que participan varios pintores con lienzos de gran tamaño expuestos en balcones de calles céntricas de la población. Se trata de un guiño a la cultura, un impulso al ambiente veraniego en la calle y también una promoción para los artistas que participan.

Pero la percepción del arte es subjetiva y debería respetarse la interpretación que cada uno haga de lo que tiene ante sus ojos.

El cuadro de Vincent Russell, que ha malogrado, en parte, el propósito de la propuesta por la polémica generada, es un cómic vulgar, una castaña infame para algunos, y una parodia sobre nuestra sociedad en la que corruptos y religiones compiten en escenas distribuidas con talento y precisión, para otros.

Sin entrar a valorar la calidad artística del lienzo del pintor escocés, «Comedia social», que en todo caso descansa en el mensaje crítico que pretende transmitir, pocos podrán discutir su ordinariez. No solo eso, sino que la alusión a las religiones en general puede herir sensibilidades. La sucesión de orgías y otros episodios en el cuadro tampoco sugiere ningún atractivo edificante y mucho menos un interés para menores que transitan todo el día por la calle en estas fechas.

Bajo ese razonamiento es igualmente discutible calificar la retirada del lienzo decidida por el gobierno municipal como un ejercicio de censura anacrónica. Simplemente una «obra» con ese contenido puede tener cualquier otra ubicación más reservada que no en plena calle. A quien le parezca una grosería de pésimo gusto debe tener la libertad de pasear y no darse de bruces con ella a la vuelta de la esquina. Quien quiera verla y admirarla que acuda a una próxima exposición del autor. Con lo que se ha hablado de ella seguro que será un éxito.

 

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