Archive for julio, 2017

República Catalana, república bananera

lunes, julio 24th, 2017

Barcelona se mantiene como ciudad cosmopolita por excelencia, en función de los millones de visitantes que recibe cada año. El atractivo turístico, oportunamente potenciado desde la transformación que experimentó a propósito de los Juegos Olímpicos de 1992, sitúa a la capital catalana en el top de las grandes urbes mundiales en todos los órdenes. Es un orgullo ser barcelonés.

Ese status, sin embargo, puede verse seriamente deteriorado por el sabotaje del totalitarismo que supone el proceso independentista ideado por la amalgama de políticos que gobiernan Catalunya. Son ellos los que se han liado la manta a la cabeza para incumplir cuantos obstáculos legales hallen a su paso en pos de una meta que no es mayoritaria y cuyas consecuencias no son capaces de trasladar a la opinión pública, sencillamente porque las desconocen o quieren ignorarlas.

«Yo no quiero sentirme extranjero en la ciudad en la que he vivido desde que nací y a la que adoro», me comentaba lamentándose un amigo de toda la vida en una reciente visita a la ciudad condal.

Sin embargo, él como otros miles y miles de catalanes están siendo las víctimas de una auténtica dictadura tristemente paradójica. No cuentan, apenas se les da voz en los medios subvencionados por la Generalitat porque son contrarios al viaje a ninguna parte en el que han situado a Catalunya sus actuales dirigentes.

Aquellos mismos que pretenden proclamar la República Catalana de forma unilateral, o sea, ese sistema político que siempre se ha asociado a la libertad y a la democracia amparadas en el imperio de la ley, son los que están cortando las cabezas de los disidentes que hay en su propio gobierno y en otras instituciones fundamentales. Así ha sucedido esta semana con el director de la policía autonómica, los mossos d’esquadra, o la anterior con los consellers que mostraron dudas en torno a los movimientos que realiza Puigdemont y sus compañeros de aventura ejerciendo como dictadores de una república… bananera.

 

 

Cómic ordinario o crítica talentosa

lunes, julio 17th, 2017

Una de las acepciones del término «arte» es la referida a la pintura o escultura destinada al embellecimiento de objetos o edificios. Posiblemente ese era uno de los propósitos del gobierno municipal de Alaior cuando ideó las ‘Balconades d’Art», una iniciativa en la que participan varios pintores con lienzos de gran tamaño expuestos en balcones de calles céntricas de la población. Se trata de un guiño a la cultura, un impulso al ambiente veraniego en la calle y también una promoción para los artistas que participan.

Pero la percepción del arte es subjetiva y debería respetarse la interpretación que cada uno haga de lo que tiene ante sus ojos.

El cuadro de Vincent Russell, que ha malogrado, en parte, el propósito de la propuesta por la polémica generada, es un cómic vulgar, una castaña infame para algunos, y una parodia sobre nuestra sociedad en la que corruptos y religiones compiten en escenas distribuidas con talento y precisión, para otros.

Sin entrar a valorar la calidad artística del lienzo del pintor escocés, «Comedia social», que en todo caso descansa en el mensaje crítico que pretende transmitir, pocos podrán discutir su ordinariez. No solo eso, sino que la alusión a las religiones en general puede herir sensibilidades. La sucesión de orgías y otros episodios en el cuadro tampoco sugiere ningún atractivo edificante y mucho menos un interés para menores que transitan todo el día por la calle en estas fechas.

Bajo ese razonamiento es igualmente discutible calificar la retirada del lienzo decidida por el gobierno municipal como un ejercicio de censura anacrónica. Simplemente una «obra» con ese contenido puede tener cualquier otra ubicación más reservada que no en plena calle. A quien le parezca una grosería de pésimo gusto debe tener la libertad de pasear y no darse de bruces con ella a la vuelta de la esquina. Quien quiera verla y admirarla que acuda a una próxima exposición del autor. Con lo que se ha hablado de ella seguro que será un éxito.

 

El ejemplo de Martí Riera

miércoles, julio 12th, 2017

Quiero que la travesía se convierta en un ejemplo y una motivación para otras personas porque si quieres, puedes, al menos si lo intentas». Esta era la declaración de intenciones que vertía en este diario Martí Riera hace poco más de un año, el 14 de julio de 2016.

Han pasado 355 días y el martes este forneller de 38 años convirtió el deseo en realidad. En poco más de diez horas anuló las resistencias físicas de su discapacidad derivada de la lesión medular que padece para cruzar a nado el canal de Menorca, hasta Mallorca, o lo que es lo mismo, casi cuarenta kilómetros de brazadas en mar abierto.

La gran travesía no ha sido exclusivamente un reto personal coronado con éxito, sino una heroicidad de mayores dimensiones debido a la paraplejía que sufre el empecinado nadador desde hace diez años, como consecuencia de la fatídica caída a un foso en la fortaleza de la Mola durante una fiesta. Martí Riera, aún sin una sentencia favorable que le facilite la vida, debido al lento proceso judicial, nadó durante poco más de diez horas sin la ayuda de sus piernas. Solo doce personas habían completado este desafío con anterioridad, pero él ha sido el primer parapléjico en conseguirlo lo que da una ida del tamaño de su gesta.

El proyecto, ideado hace más de un año, tenía como objetivo sensibilizar sobre la discapacidad y la superación personal, en aras a una plena integración y normalización de la diversidad funcional en la vida cotidiana. Hay más ejemplos similares de personas a quienes el infortunio redujo sus capacidades físicas y han sido capaces de sobreponerse a ellas en el ámbito deportivo.

Pero el caso de Martí Riera aparece más cercano, más real, y nos permite poner en valor lo que ha hecho. Es un ejemplo transparente no solo para quienes padecen alguna diversidad funcional sino para todos. Como dice él, «si quieres puedes, al menos si lo intentas». Enhorabuena.

Un descuento que al fin tiende puentes

miércoles, julio 12th, 2017

Aunque la experiencia invita a la cautela y los antecedentes obligan a que el escepticismo acompañe cualquier buena noticia relacionada con el transporte aéreo en Menorca, la aplicación del descuento del 75 por ciento por parte del gobierno de Mariano Rajoy en los viajes interislas es, probablemente, el mejor anuncio que hemos recibido en mucho tiempo.

Solo la arbitrariedad que parece marcar el importe de las tasas aeroportuarias por parte de las compañías, o una subida de los precios tras este anuncio, pueden cuestionar en parte lo que los isleños debemos interpretar como una conquista que llega felizmente rebotada gracias al diputado de Nueva Canarias, Pedro Quevedo, a cambio de apoyar los presupuestos generales. Ha sacado oro para su tierra y Balears se ha beneficiado de ello, pues bienvenido sea.

El 75 por ciento de descuento es una herramienta tangible, práctica, que puede permitir, por fin, tender puentes de verdad con el resto del archipiélago en todos los ámbitos. En suma, supondrá viajar a las otras islas próximas, prácticamente siempre que a uno le interese y le apetezca, y no cuando tenga que hacerlo por necesidad u obligación que eran las causas más frecuentes hasta ahora.

Bajo cualquier consideración, no es lo mismo pagar 60 o 70 euros que abonar 20 o 30, rodeando cifras, para plantarse en la Isla mayor o, incluso, hacer una escapada hacia las pitiusas, cantidades que aún serán inferiores si el viaje se hace por mar.

Hasta que la clase política consiga algún día que este descuento apropiado a la práctica totalidad de los bolsillos sea extensivo a la conexión con Barcelona, fundamentalmente, y Madrid, Son Sant Joan se convierte en un aeropuerto lanzadera para menorquines e eivissencs en función de los múltiples destinos con que cuenta la instalación mallorquina, sobre todo en temporada alta. Estamos de enhorabuena.

Sospechas en el año del fuego

miércoles, julio 12th, 2017

La triste consideración de 2016 como el año del fuego en Menorca recobró protagonismo el lunes con el voraz incendio que destruyó la planta de residuos voluminosos ubicada en Maó. El suceso brindó imágenes espeluznantes por el azote de las llamas que consumieron la nave, hasta entonces hogar laboral de doce personas en riesgo de exclusión social.

Fue inevitable echar la vista hacia el pasado más reciente para rememorar las estampas de los siniestros que acabaron hace un año con el restaurante Es Pla, en el puerto de Fornells, la sala de fiestas Copacabana, en Son Bou, la discoteca -ya abandonada- Pedro’s, en Son Carrió, y las de aquella noche interminable de septiembre cuando el fuego calcinó 36,7 hectáreas de suelo forestal en el Arenal d’en Castell y urbanizaciones de alrededor. El año del fuego se completó con la quema de hasta 55 contenedores de residuos entre Ciutadella (35) y Alaior (20). Fueron, en conjunto, cinco grandes sucesos de incendio en la Isla que se saldaron con una única detención y condena, la de un joven ciutadellenc, como responsable declarado de la quema de los recipientes de Alaior.

Aparentemente fueron demasiadas las coincidencias en tan corto espacio de tiempo en un territorio con una superficie de poco más de 700 kilómetros cuadrados. En casi todos ellos hubo sospechas, algún indicio e incluso dos detenciones relacionadas con el Copacabana de Son Bou que, por lo pronto, no han podido sustanciarse en una acusación formal y probablemente el juez acabe también archivando las diligencias.

Los investigadores de las fuerzas del orden y las aseguradoras no han podido determinar una causa intencionada que provocara los incendios a pesar de todo. El reciente caso de la planta TIV plantea otro desafío para quienes tienen la responsabilidad de buscar el origen del siniestro. Como en los anteriores, también hay sospechas y algún indicio.

Cuarenta años atrás

miércoles, julio 12th, 2017

No fue el 15 de junio de 1977 un día histórico para el que suscribe, aparentemente centrado en los exámenes finales de Primero de BUP, y más preocupado por la sensualidad de Victoria Vera, las piernas de Rafaela Carrà, o el Barça de Cruyff, que por las colas que recuerdo vagamente frente a los colegios electorales entre las barriadas de Sants y Les Corts.

Las familias reunidas ante el televisor cada noche seguían con atención la tragedia del esclavo Kunta Kinte, las tramas amables de Vacaciones en el mar o el célebre concurso «Un, dos tres». En el cine proyectaban «Rocky» y «Annie Hall», y en el instituto los folloneros organizaban una sentada tras otra para reivindicar lo que fuera durante la eterna huelga de los profesores no numerarios que nos libró de clase durante varias semanas.

Ese 15 de junio de 1977, del que ayer se cumplieron ya 40 años, se celebraron las primeras elecciones generales en España después de la dictadura. Fue, en cierto modo, el inicio del renovado futuro de este país tras haberse aprobado un año antes la Ley para la Reforma Política que desmontaba el régimen franquista.

Cuatro décadas después aquél episodio capital de nuestra historia es explicado hoy con pasajes opacos por la nueva izquierda más radical para fabricar otro comienzo a su medida obviando cuanto se consiguió desde entonces.

Y la verdad es que esta España se parece poco a la de 40 años atrás, pero es indiscutible su avance con muchos más claros que oscuros. Hoy las elecciones generan interés, sí, pero carente de la ilusión, la incertidumbre y la emoción que tenían las de entonces.

La corrupción brotada en los grandes partidos desde la llegada de la democracia, vigente por los continuos escándalos de la formación en el poder, ha contribuido al desencanto que hace imposible la comparación. Además, entonces éramos solo felices adolescentes. ¡Qué tiempos aquellos!