Misericordia para el Partido Popular

Ha hecho olvidar las políticas de derecha de sus antecesores y hace tiempo que no se oyen comentarios sobre problemas, la gente está tranquila, no hay debates ni habladurías en la calle como sí las había antes». Esta es la opinión subjetiva de una votante de Alaior, de Podemos, en las últimas elecciones generales al respecto de su alcaldesa, Misericordia Sugrañes, nueva mujer fuerte del Partido Popular en Menorca.

Algo tendrá la abogada catalana para haber salvado los muebles del descalabro popular en los últimos comicios municipales y autonómicos. Y es que más allá de la batalla diaria que mantiene con la oposición, a la que dio vida con la presunta licencia acelerada de Son Bou, Sugrañes sabe lo que se hace en la política local y se mueve con determinación en el Parlament.

Bajo esas circunstancias difícilmente iba a encontrar rivales para ascender al primer peldaño del Partido Popular en la Isla cuando se postuló para el cargo, en aras a la reconquista del Consell Insular, su nuevo objetivo. Quienes tenían intención de hacerlo cambiaron rápido de opinión.

Detrás de esa apariencia de ejecutiva ‘pija’, sobresale una mujer cercana que derriba barreras en la distancia corta con una facilidad encomiable para empatizar tanto con afines como con menos afines. Es el fruto del carácter abierto y los años de experiencia en los que su exigencia le ha llevado al triunfo en Alaior, pese a la alianza en su contra, y en las listas autonómicas.

El reto que tiene por delante ahora es otro muy distinto porque deberá darse a conocer al resto de la Isla, impulsar la renovación de las juntas locales y construir un proyecto que case con sus ideas de dinamización y progreso. Le quedan dos años intensos para lograrlo y mucho trabajo si consideramos la multiplicidad de cargos en la que se encuentra inmersa.

 

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