Archive for abril, 2017

Tradición, ‘bujots’ y el tramabús

lunes, abril 24th, 2017

España es un país de escarnio público, de apedreo en medio de la plaza, de pasear a los supuestamente culpables a lomos de bestias para recibir improperios o salivazos como se hacía en tiempos muy pretéritos. No siempre molesta -como tendría que hacerlo- la desgracia ajena, y la compasión brilla por su ausencia aunque en muchos casos resulte imposible dispensarla.

En Ciutadella el domingo de resurrección se escenifica una tradición de dudoso gusto que supone algo muy similar a ese ancestral escarnio público. Intenta explicarle al visitante ocasional que se trata de una costumbre inofensiva que pretende ser incluso simpática y verás el rictus de su rostro cuando advierta las cinco escopetas disparando a dos metros de un muñeco que representa a algo o a alguien. La tradición enriquece, aporta cultura e identifica a un pueblo para conocer de dónde viene y hacia dónde puede ir. En este caso resulta complicado encajar alguna de esas características y, en absoluto, pedagógico para los niños que lo presencian.

En Podemos, ese partido que pretendía descubrir al pueblo español una nueva forma de hacer política, aunque de momento no ha ido mucho más allá de alguna escenificación circense de cara a la galería, han sacado a la calle el denominado tramabús. En la carrocería del autocar de Pablo Iglesias aparecen pintados políticos, empresarios y periodistas salpicados o caídos de lleno en la corrupción. Sus 71 diputados en el congreso no les bastan para hacer nada más constructivo que el azote callejero a los corruptos, para los que no debe haber perdón, mezclando imputados con quienes no lo están, obviando, claro está, a los de su propio partido que también los tienen. A diferencia de Ciutadella, donde al menos los ‘bujots’ son impersonales, en el bus los rostros son identificables. ¿Formará parte de esa nueva arquitectura política la lapidación pública como siguiente paso?

Seguro que no se reirían de su madre

viernes, abril 14th, 2017

Por más que uno intenta discriminar el componente graciosillo a un sarcasmo cruel, no lo encuentra. Bromear sobre una persona asesinada en un atentado terrorista no tiene gracia, no puede tenerla bajo ninguna consideración, especialmente si familiares directos del muerto continúan con vida.

La Audiencia Nacional ha condenado a un año de prisión -que no cumplirá- a Cassandra Vera, la joven que se burló escribiendo 13 twits del horroroso atentado que provocó la muerte de Carrero Blanco, presidente del gobierno de Franco, el 20 de diciembre de 1973. El coche oficial saltó por los aires y junto a él fallecieron el conductor del automóvil y un inspector de policía que lo acompañaba.

Cassandra se ha mofado con sorna de aquél episodio y ahora considera que le han arruinado la vida porque queda inhabilitada durante 7 años para recibir la beca con la que estudia en la universidad.

La sentencia recoge que los comentarios suponen una humillación a las víctimas del terrorismo cuando ella ha afirmado que solo pretendía protestar contra la ley de seguridad ciudadana. Es el mismo argumento que ha utilizado el rapero mallorquín Valtonic, también condenado por enaltecimiento del terrorismo debido a las letras corrosivas de sus canciones en las que loa a ETA y el GRAPO.

La libertad de expresión no es un campo abierto, no es una patente de corso que permite frivolizar con chabacanería sobre un asesinato o una banda terrorista. Tiene límites cuando se menosprecia el dolor irreparable de los demás porque la buena convivencia solo se puede construir con la cortesía y el respeto a los semejantes.

Que se mofen, no ya de Carrero, mano derecha del dictador, sino de las miles de víctimas del terrorismo, las asesinadas y sus familias rotas de por vida, es una mayúscula crueldad. Si quieren seguir riéndose de ellas, sugiero que lo hagan sobre su puñetera madre, con todos los respetos, que seguro que a ella no la han matado en un atentado.

Juan Millán, “si fuéramos marcado antes…”

lunes, abril 3rd, 2017

Nunca perdió el acentó andaluz con el que llegó a Menorca hace 47 años para ascender con el CD Menorca a la Tercera División. Desde entonces hasta su prematuro fallecimiento hace una semana, ha sido Juan Millán, posiblemente, la persona que mejor ha encarnado el concepto de fútbol total no solo desde el terreno de juego, donde exhibió dotes como centrocampista técnico pero sacrificado, sino también en los banquillos, en los despachos y en la grada. Millán lo ha sido todo en el fútbol menorquín, desde profesional riguroso hasta modesto aficionado pasando por varios estamentos directivos de la Federación balear. Incluso realizó una incursión en política, en la lista del PP al Ayuntamiento de Maó de hace tres legislaturas.

¿Quién le iba a explicar algo nuevo del mundo del balompié a este cordobés nacido en Castro del Río, amable, de educación exquisita, que utilizaba el ‘usted’ para dirigirse a juveniles de 16 años?. Apenas se le recuerdan expulsiones ni graves desaires en su etapa de entrenador, lo que no excluye que el fuerte carácter le brotara en alguna que otra circunstancia sin que por ello precisara faltar al respeto a nadie.

Hoy, tan en boga el deleznable comportamiento de algunos padres en los partidos de fútbol, bien harían estos en tener como referencia a alguien que se ha marchado de este mundo como reconocido caballero del fútbol insular.

El fallecimiento de Juan Millán, personaje fundamental, en la historia del CE Alaior al que dirigió durante casi una década en Tercera División, provoca un vacío irremplazable en cientos de hombres con los que compartió tiempo y espacio alrededor del fútbol.

Dominador de lenguaje gestual y poseedor de un discurso contumaz y persuasivo con simpáticos giros verbales («si fuéramos marcado antes, el partido habría sido distinto»), decía por ejemplo, Millán será recordado por su tangible aportación al deporte menorquín durante casi medio siglo. Le echaremos en falta, sin duda.