Archive for Febrero, 2017

Protesto y me encierro

Jueves, Febrero 23rd, 2017

Funciona!!!, decía un spot televisivo en los 80, que ahora podría ser atribuible a aquellas personas marcadas por la desesperación que recurren a los encierros en sedes públicas, bancos o multinacionales como medida drástica en defensa de intereses y derechos cercenados.

El abuso de las entidades bancarias, los atropellos que sufren a diario miles de contribuyentes por simples errores, en ocasiones, o por injusticias directas en las que incurren las compañías de teléfono, las energéticas o las aseguradoras, entre otras, topan a veces con la determinación radical de los más atrevidos, producto de su desesperación o su descaro.

Son aquellas personas, normalmente apoyadas por asociaciones creadas para combatir este tipo de situaciones límite, las que desafían al poder plantándose a sus puertas o en el interior de sus edificios para forzar respuestas, sabedores de que es el camino más rápido para llegar a la opinión pública y presionar a los políticos. «Protesto, me encierro y no me muevo de aquí hasta que no me deis una solución», es su amenaza.

Y, a la vista está, que por lo general obtienen algún tipo de respuesta positiva. En Menorca lo ha sufrido, incluso, hasta el gobierno de izquierdas en el Consell Insular que, posiblemente, nunca habría pensado tener que gestionar esta clase de manifestaciones propias de colectivos supuestamente afines a sus políticas sociales.

El ejemplo más reciente ha sido el de la activista Raquel Monreal, experta en estas prácticas, que el lunes volvió a encerrarse en la sede de una subcontrata de Endesa hasta que le reactivaron el suministro eléctrico interrumpido tras una cadena de errores de la propia compañía.

La apuesta por las soluciones pactadas a partir de un planteamiento más cívico debería ser la constante contra la moda de la alteración del orden público. Lo ideal, en todo caso, sería que los responsables evitaran la desesperación del ciudadano.

 

Las bajadas de las tasas han de notarse

Lunes, Febrero 13th, 2017

En el descontrolado universo de impuestos que penalizan nuestra economía ocupan un lugar de privilegio aquellos de los que poco o nada se sabe porque su destino es un galimatías perversamente indescifrable. Ocurre con la factura del consumo eléctrico, por ejemplo, con los denominados «gastos de gestión», que producen auténtico pánico por su fluctuación, tanto como el de los «gastos de mantenimiento», o también las tasas aeroportuarias, entre otros muchos. Las tasas, que se cargan al precio del billete pero no forman parte del trayecto, permiten, supuestamente, afrontar a las aerolíneas el uso de las instalaciones, los suplementos por el precio del petróleo, protocolos de seguridad…

El Gobierno español decidió la pasada semana, a partir de la recomendación de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, bajar este impuesto en un 11 por ciento en un plazo de 5 años, hasta 2021. Pretende así que Aena, con unos beneficios anuales considerables, mejore la calidad de sus servicios invirtiendo más de 2.000 millones de euros en los aeropuertos españoles para elevar su competitividad. Cabe recordar, no obstante, que Fomento subió las tasas un 10,5 por ciento en los años de la crisis para cubrir las inversiones en los nuevos aeropuertos de Madrid y Barcelona, fundamentalmente.

La bajada de cualquier impuesto es una buena noticia para todos siempre que repercuta en los bolsillos. Si las compañías piensan en sus pasajeros, por encima de cualquier otra finalidad, deberán mejorar sus ofertas aunque no estén obligadas a hacerlo.

Además de mejorar el servicio y las instalaciones debe reducirse el precio del billete, que es lo que realmente nos atañe, especialmente a los residentes en las islas. El destinatario final tiene que ser también beneficiario de esta reducción sin que aparezca, como suele suceder, cualquier otro elemento que acabe compensando la bajada de las tasas con otra subida. Lo veremos.

 

Tarifa plana o descuento del 75%

Jueves, Febrero 9th, 2017

Quizás a la larga resulte más efectiva la tarifa plana de 30 euros en los vuelos interislas que elevar el descuento a los residentes hasta el 75 por ciento como ha negociado Coalición Canaria con el Partido Popular a cambio de apoyar la investidura de Mariano Rajoy.

Uno tiene la sensación, en todo caso, de que el archipiélago canario camina varios pasos por delante del balear en esta y otras materias que nos son comunes por los efectos de la insularidad. Por eso, pese a que quienes gobiernan en el Parlament hayan puesto el grito en el cielo tras la postura de la senadora menorquina, Juana Francis Pons Vila, afín al incremento del 75 por ciento, no deberían descartarla de antemano.

Pons Vila ha demostrado coherencia desde que entró en el Senado pese a nadar contra la corriente de su propio grupo cuando lo fácil habría sido subirse al carro ganador -que luego fue perdedor-. Asegura que la tarifa plana favorece a los turistas para desplazarse entre las islas en sus vacaciones. Se trata de una verdad catedralicia, como también lo es que un descuento del 75 por ciento sería neutralizado, en parte, por las compañías elevando el precio de los billetes.

El planteamiento definitivo debería primar el interés de los isleños por encima del de los turistas que ya acuden a las islas aunque no vuelen entre ellas durante su estancia.

La demanda que todavía ningún gobierno balear ha podido conseguir es que los residentes dispongamos de frecuencias suficientes y precios razonables cuando precisemos salir de las Islas, de un día para otro, sin tener que pagar el triple de lo que cuesta hacerlo con antelación. Ahí se tiene que priorizar la conexión con Barcelona, fundamentalmente, y Madrid, que usamos mucho más que la de Palma.

La realidad es que si ni siquiera hay acuerdo entre los políticos de aquí, es imposible que el gobierno central atienda la demanda histórica que acabe con el agravio respecto a las comunicaciones de las que disponen los peninsulares.