La huella imborrable de Lita López

N o sé vivir sin correr». Fue Ángela López la que pronunció tan contundente sentencia hace un par de años en una entrevista que le hizo Joan Juanico. No se trata de una hipérbole, sino que responde asépticamente a la realidad. Lita López avanza rauda hacia las cuatro décadas de vida y aún corre. Corre tanto o más que cuando sus sueños de juventud la hacían avanzar hacia la élite nacional de las velocistas que saltan vallas. Ni la edad ni la maternidad han podido alejarla de la pista, el asfalto o el campo a través. Ahí continúa López acumulando medallas y medallas sin que aparezcan sucesoras que se equiparen a ella.
El palmarés define a esta ilustre ciudadana de Ferreries como la atleta balear más laureada de la historia con presencia constante en los campeonatos de España. Constancia, sacrificio y pasión por el tartán explican la longeva trayectoria de Lita López en el deporte olímpico por excelencia al que ama por encima de todas las cosas.
Otro lugar, otra preparación, otros recursos posiblemente habrían hecho de ella una atleta top capaz de competir a nivel internacional porque reúne un fisico y un tesón idóneos para ello. En todo caso, la mejor atleta insular de todos los tiempos, inasequible al desaliento, dejará una huella imborrable, una estamapa imperecedera el día que no vuelva a tomar la salida.
Paula Seguí y Bet Salom, quizás las dos únicas deportistas menorquinas que llegaron a ser profesionales, tienen a una compañera que puede equipararse a ellas, más modesta pero no menos brillante. Lita López lo merece.

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