Archive for Enero, 2014

Entre la Regional y la Tercera

Lunes, Enero 27th, 2014

Anda atribulado con razón el joven presidente del CEMercadal, Toni Palliser, porque advierte que el futuro puede devolver al club de su vidal al papel secundario del balompié insular que ha ocupado durante la mayor parte de su larga historia una vez concluya el presente campeonato. Sería paradógico que así sucediera considerando que las circunstancias han convertido a la entidad del centro de la Isla en puntera del fútbol menorquín por la categoría en la que milita y la posición que ocupa el equipo, llamado todavía a hacer grandes cosas en el campeonato.

Aparecen, no obstante, algunas paradojas en el discurso del presidente. Por un lado se muestra abiertamente decidido a que el club mantenga su status en la categoría,  porque un reingreso en la Regional sería menos costoso, sí, pero más problamático – no hay jugadores- y por otro admite que si no fuera por el altruismo entusiasta de 5 o 6 socios -él mismo entre ellos- el Mercadal no podría estar donde está.

Quizás sea el momento de que el socio ponga en valor lo que tiene y se implique con ello a riesgo de no poder disfrutarlo nunca más. La Regional menorquina es, hoy, un campeonato que sugiere un interés distinto, mayor si cabe, por los equipos históricos de la Isla que la integran por obligación, que no por gusto. Pero si hablamos de fútbol, aún con reservas, el de Tercera sigue siendo muy superior al de la Regional. No es comparable todavía una categoría nacional con una insular aunque el morbo y el interés puedan sustituir a la calidad. Los socios deciden pero bien hará el Mercadal en no perder lo que tiene.

Vendí mi alma al diablillo del periodismo

Miércoles, Enero 15th, 2014

A quien se detenga en la lectura de este blog, ruego me disculpe la licencia por dotarle de un componente personal del que rehúyo siempre que puedo por convicción. El que escribe con el ánimo de contar o opinar nunca debe ser el protagonista, ese es mi lema. 

Soy periodista vocacional y camino, a pesar de los tiempos convulsos que vive el gremio, hacia las tres décadas de ejercicio profesional. Cuando entré en la factultad de la Universidad Autónoma de Barcelona lo hice tras haber despejado una duda que ni siquiera puedo considerar como tal. Derecho o Periodismo era la disyuntiva en aquel primer año de la década de los 80 cuando enfilaba la recta final del COU y, pese a los consejos paternos -influyentes que no presionantes-, escogí la pluma y el micrófono por los que me había sentido atraído como ávido consumidor de periódicos, radio y televisión desde mi lejana época en el instituto Emperador Carlos, muy próximo a la Estación de Sants. En la librería de aquel magno hall donde convivían viajeros que buscaban los andenes de los trenes con transeúntes habituales, me inicié en la lectura de diarios cada mañana cuando entraba o salía del metro que me transportaba a casa, dos paradas más allá -línea azul- en Badal. Primero los ojeaba sin abonarlos con la complicidad del dependiente que ya me conocía, y a partir de segundo o tercero de BUP, me convertí en un comprador diario.

Ahora, consumidas ya casi dos terceras partes de ejercicio profesional a lo largo de mi existencia, la perspectiva es otra. Posiblemente la práctica del Derecho me habría reportado una mejor calidad de vida a partir de un horario laboral más ortodoxo del que depende una concicliación con la vida familiar que jamás he podido realizar, ingresos superiores y, en los tiempos que nos corresponde vivir, quizás una mayor estabilidad en todos los órdenes.

Sí, mi vida habría sido muy distinta. Seguro que habría podido disfrutar más de la niñez de mis hijas, jamás habría estado escribiendo en el ordenador en la redacción del periódico a las doce de la noche, la una o a las dos de la madrugada y, sin duda, los domingos y festivos los habría dedicado al descanso semanal para compartirlo con los míos, como hace la gente ‘normal’, y no a gastar sus horas en un campo de fútbol, una cancha de basket o, después, en el periódico.

A finales del verano de 1986, apenas días después de acabar el servicio militar, vendí mi alma al diablillo de esta profesión. Quizás entonces no medí las consecuencias, quizás entonces nunca calibré las renuncias, quizás entonces nunca imaginé los extremos que conlleva la práctica del periodismo, especialmente el deportivo al que me he dedicado casi siempre. Confieso, sin rubor, que en ocasiones he envidiado a trabajadores de cualquier otro gremio. Les aseguro que hay que tener costra para volver a la redacción a las 11 de la noche, cuando ya has estado todo el día en ella, o salir de tu casa cada domingo después de comer y no regresar hasta la medianoche una semana tras otra, un mes tras otro, un año después de otro.

La paradoja, no obstante, es que si volviera a nacer elegiría la misma profesión. ¿Masoquismo?, se preguntarán. No, digamos que se trata de gusto por el trabajo. El periodismo rompe la rutina de vez en cuando provocando una subida de adrenalina fantástica. No creo que ganar un pleito me reportara tanta satisfacción como descubrir una noticia, elaborar un reportaje interesante o leer una entrevista en la que haya conseguido extraer la personalidad oculta del entrevistado. Dirigir y presentar un programa de televisión o radio, con audiencia contrastada que genera opinión y comentarios después de su emisión, supone una satisfacción personal, plena, tanto como el reconocimiento a un buen artículo en prensa. Incluso la polémica y los desencuentros, inherentes a la profesión, también ejercen en mí una atracción inevitable. Si a ello sumo las experiencias profesionales en acontecimientos de relieve nacional e internacional, los viajes y la posibilidad de haber conocido a grandes compañeros, ¿qué quieren que les diga?, soy periodista, lo seré hasta que consuma mis últimos días, y me enorgullezco de ello.

Un triunfo entre el mal trago

Lunes, Enero 13th, 2014

Seguramente  la victoria más importante de la campaña anterior y la actual para el Valeriano Allès Menorca Volei sobrevino el sábado en la Vall d’Hebrón, en la falda del Tibidabo barcelonés. Allí el grupo que adiestra Bep Llorens rompió pronósticos y se apropió de un triunfo en el que, seamos sinceros, no demasiados creían.

Cogió cuerpo la tópica sentencia utilizada por técnicos y jugadoras que definen al campeonato como una pugna plena de equilibrio a excepción de los dos primeros clasificados. Como consecuencia, el deporte menorquín, representado por su único exponente profesional estará representado, por sexta ocasión, en un torneo corto pero de mayor difusión nacional, como es la Copa de la Reina, a disputar el próximo mes en Logroño.

La victoria en Barcelona ha sido, además, un cortafuegos oportuno para mitigar los posibles daños colaterales y el golpe en la mandíbula encajado por la junta directiva de Andreu Hernández, que han provocado en las últimas semanas los ácidos razonamientos de Joan Triay, líder de UPCM en el Ayuntamiento de Ciutadella, ante la decisión del club de impugnar los presupuestos municipales para reclamar la subvención retirada por la corporación.

Triay defendió que la sociedad ciutadellenca tiene prioridades que están muy por encima de las ayudas al club de voleibol. La justicia debe decidir todavía en torno al contencioso presentado por la entidad hace año y medio. En todo caso, la respuesta del equipo en la cancha, a tono con el derroche de la junta para mantener a flote  la nave a pesar de todos los obstáculos que encuentra en su camino, merece todo tipo de reconocimiento.