Archive for Julio, 2013

Party Love, la otra fiesta

Viernes, Julio 12th, 2013

Hay otra forma de divertirse menos agresiva, más natural, y, seguramente, tanto o más satisfactoria que la que, en demasiadas ocasiones, viene determinada por el consumo indiscriminado de alcohol en cada fiesta patronal de este territorio llamado Menorca.

El sábado Sant Climent vivió la fiesta perfecta. Diversión a raudales, ambiente generoso para todas las edades, coexistencia pacífica entre ellas, música veraniega, provocadora incluso para los menos avezados en el movimiento de pies… y ejercicios de interrelación que siempre vienen bien para diversificar amistades y expandir el radio de acción dentro de una atmósfera sana y amena.

No vi a chavales y chavalas tirados por el suelo con la botella de pomada, ni camisetas rotas y malolientes, vómitos en cada esquina, peleas por los efectos del alcohol o desmadres exagerados como sí se observa, lamentablemente, en el paisaje urbano habitual de las fiestas de cada pueblo.

Por eso la Party Love de Sant Climent, en su segunda edición, derivó en una celebración meritoria que debe enorgullecer a sus organizadores (ese Chicha Tudurí es un animal de la animación y se está convirtiendo en un showman acreditado más allá de la música de los ochenta que encadena con maestría inusitada).

No debería caer en saco roto de las autoridades municipales la respuesta y el éxito de este tipo de celebraciones porque no solo tienen un componente magnífico de diversión sino que edulcoran los hábitos más perversos de las ‘otras’ fiestas.

Y no se trata de caer en el falso puritanismo, o renegar de la bebida. No es eso. Está bien coger incluso  ‘el puntito’ como decíamos en tiempos pretéritos. Eso basta para pasar una noche agradable y divertida como en la Party Love de Sant Climent.

Del himno al nuevo ídolo culé

Viernes, Julio 12th, 2013

España puso los pies en el suelo en Maracaná, mítico estadio del fútbol mundial, donde dibujó una imagen deteriorada que no se ajusta al juego mayestático regalado al universo de este deporte en el último lustro.
El desplome de la Selección encontró su prólogo en la interpretación del himno y concluyó en la exhibición del que ya es nuevo ídolo culé, Neymar, elegido mejor jugador de la Copa.

Brasil ya ganaba la final antes de que ésta comenzara visto el fervor, la pasión con la que jugadores y aficionados entonaron ‘a cappella’ las últimas estrofas de la canción que les identifica. Les iba la vida en cada palabra como después trasladaron en cada balón dividido del encuentro. Brasil salió a jugar la final de un Mundial y España, la de un torneo cualquiera. La diferencia de intensidad marcó el desarrollo del partido, inclinado del lado canarinho con la fortuna del tempranero primer gol.

A España esta vez le faltó el músculo de Javi Martínez para auxiliar a Busquets en el centro del campo y combatir, cuanto menos, el extraordinario despliegue físico de los anfitriones.  La Selección se hace mayor, es indudable, pero las nuevas generaciones aseguran un estilo que debe ser innegociable de cara al futuro.

‘Desafío balear’ a la nostalgia

Viernes, Julio 12th, 2013

Fue un atardecer de recuerdos. Fueron dos horas de nostalgia interrumpida por alguna que otra acción meritoria. El partido de la Selección Balear ante los futuros cracks lituanos derivó también en un tratado de tristeza para la mayoría de las casi 2.000 personas que se dieron cita en el Pavelló Menorca gracias a la loable iniciativa privada de organizar un choque entre los mejores profesionales del archipiélago y las promesas de aquél país.

El espectáculo fue ramplón, esa es la verdad, pero la manifestación deportiva ofrecía otras muchas aristas, algunas ilusionantes y otras, muchas de ellas, que conducían a la melancolía por evocar lo que fue el Pavelló durante ocho años y dejó de ser de improviso, cruelmente.

Resultó magnífico ver en acción a uno de nuestros menorquines universales, Sergio Llull. Fue un lujo observar a Rudy Fernández, Corbacho y otros componentes del combinado del archipiélago, incluido un Jan Orfila con ganas y progresión en su juego. Fue emotivo el homenaje preparado en el descanso para tributar un reconocimiento a jugadores legendarios del baloncesto menorquín (¿dónde estaba Tisi Reynés?) de épocas pretéritas, e incluso volver a ver correr a los críos por el parquet del Pavelló en cada tiempo muerto.

“A jo m’ha fet molta pena i els que hi havia pel costat deien el mateix; ha estat trist tornar a veure el Pavelló on tant vam xalar i ara, sense res”, me comentaba un amigo horas después. Y ese fue un sentimiento que se expandió en  muchos de los presentes en este denominado Desafío Balear, un ‘desafío balear’ a la nostalgia. La capacidad de convocatoria no completó las expectativas de los organizadores lo que pone en cuarentena sus intenciones de consolidar este evento en los próximos años. Cuentan  que hubo VIPs y aficionados, entre ellos el expresidente del Menorca Bàsquet, Benito Reynés, que declinaron la invitación para evitar el mal trago de volver a pisar el templo de los sueños.

Nada fue igual, nada será lo mismo. El Pavelló Menorca, inutilizado desde entonces a la espera de que alguien se interese por su explotación ha perdido su alma. Ya no tiene magia, carece de embrujo, ya no es un escenario onírico de las misiones imposibles de aquellos años. Anteayer no hubo cánticos ni vibraciones aunque sonara ‘el senyor damunt un ruc’ antes de empezar como sucedía siempre. De ahí el ejercicio de melancolía que invadió a los presentes en el partido del sábado cuando alzaban la vista a los marcadores y todavía colgaba una pancarta alusiva al último partido oficial disputado en el Pavelló hace casi 14 meses. Las gradas tubulares ya no se mueven como antaño lo hacían con los ‘uno contra uno’ de Stojic, los mates de Moss, los triples de Bazdaric, las penetraciones de Pooh Jeter o las acciones aguerridas de Urko Otegi que tanto enfervorizaban a una afición pasional, entregada, comprometida.

Todo eso es historia, rica y añorada historia que el pasado sábado evocamos por espacio de un par de horas en un perfecto aunque doloroso ejercicio de nostalgia.