Menorca, zona cero

El deporte menorquín de élite va camino de convertirse en un solar en el que solo permanecerán los escombros de los magnos edificios que lo ocuparon.

La zona cero menorquina está a punto de imponerse devastadoramente como consecuencia de la ‘demolición’ forzosa de las tres torres denominadas: Menorca Bàsquet, por encima de todo, Valeriano Allés Menorca y Sporting Mahonés. Las tres primeras entidades de este territorio han proporcionado un espectáculo al alcance de todos los menorquines durante varias temporadas y, en diferentes escalas, han extendido su nombre en los puntos de la geografía española. Se quiera o no, Menorca es más conocida ahora gracias al deporte de élite.

El CV Ciutadella mantiene su renuncia a la Superliga de la que es su actual bicampeón; el Sporting Mahonés, buque insignia del fútbol insular durante los últimos 30 años, ha pasado a  un estado vegetativo; y el Menorca Bàsquet, el gran icono deportivo y social de la Isla desde su primer ascenso a la Liga ACB, puede confirmar hoy su inevitable disolución.

Quizás sí fue un lujo, como apuntó en este mismo diario el diputado Antoni Camps hace unas semanas, pero un lujo que nos hizo mejores, nos localizó en el mapa y nos permitió mirar a la cara a las ciudades más afamadas del país gracias a la determinación, arrojo y desvelos de los directivos que creyeron en sus proyectos aunque cayeran en errores.

La Administración ha recordado que las instituciones insulares, municipales y Baleares habían destinado al Menorca Bàsquet 31 millones de euros desde su salto al primer campeonato del continente. A simple vista se trata de una suma considerable, cierto, pero no lo es tanto si apreciamos su rendimiento, el beneficio que ha proporcionado a los menorquines, y mucho menos si la comparamos con la riada de millones que costaron y cuestan las enormes instalaciones ubicadas en Palma de Mallorca.

Menorca, zona cero, es la triste realidad que se abre paso en el deporte insular como se veía venir desde hace meses sin que nadie haya sido capaz de ponerle remedio. Pasar de la abundancia a la más absoluta miseria de repente requiere una reflexión más profunda que aludir a la falta de recursos. Teníamos algo bueno, a un coste alto quizás, pero asumible en un presupuesto balear que no ha sabido o no ha querido valorarlo.

Artículo publicado en el diario “Menorca” el 5 de julio de 2012

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