El día después y el final de Segarra

Hoy es el día después del Sporting Mahonés tras la caída al abismo de la desaparición a la que se ha visto abocado por mor de una gestión temeraria, ingenua, como admitió su propio presidente, y por tanto, equivocada. La sucesión de errores han puesto a la histórica entidad mahonesa en el escaparate de aquellos clubes abrazados al bochorno de su retirada y, consecuentemente, desconocedores de su futuro.

En el peor de los casos, como el que nos ocupa, la junta directiva dispone de un plazo de tiempo generoso para poner los cimientos de un nuevo proyecto que pasa por las categorías inferiores, felizmente ajenas al desplome del equipo profesional gracias a su separación el pasado verano, con la incorporación de un equipo en Regional Preferente que será el que compita el próximo año. Y es que el pago de la deuda acumulada por la entidad que superará el medio millón de euros, es a día de hoy una quimera por lo que la inscripción de un equipo en cualquier categoría, mientras no abone los 200.000 mil euros a sus jugadores, queda completamente en entredicho.

Llegados a este punto parece más que claro que el tiempo de Paco Segarra al frente del Sporting Mahonés ya pasó y tampoco resulta conveniente su continuidad en el cargo. Si no ha encontrado soluciones para evitar este lamentable trance en medio año, parece imposible que lo haga de aquí a junio. Su voluntad empresarial, el empeño y la ilusión con los que arrancó hace tres años y medio se han visto destruidos con la realidad tangible que le rodea después de invertir más de un millón de euros en sus románticas intenciones. Cierto que hoy hablaríamos de otra historia si la crisis no le hubiese boicoteado y las instituciones hubiesen proporcionado al club lo que casi siempre le han negado, pero esto es lo que hay y Segarra tiene al Sporting en el limbo con la mayor deuda de su historia. Esas son las conclusiones finales que dejan un legado devastador por más que sea injusto en la valoración global de su gestión.

Afortunadamente no empezará de cero el Sporting porque, por primera vez en sus 34 años de historia, dispone de fútbol base y un campo nuevo para ocuparlo. El otro, el Municipal de hierba natural, es otra cuestión a solucionar vista la desaparición del primer equipo. Al mal tiempo hay que ponerle necesariamente buena cara entre todos los sportinguistas de pro que sufren por la actualidad de su club pero que, con toda seguridad, no le darán la espalda en el peor momento de su existencia como sí se la dieron ayer al abnegado equipo completado con juveniles tanto el presidente como la directiva. Resulta injustificable que ni el máximo mandatario ni ningún dirigente  acompañase al grupo en su última aparición en Sant Andreu.

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